
Un dato basta para demostrar que el Barça ayer recuperó su mejor versión coincidiendo con la reanudación de la Champions: 25 remates a puerta ante un Celtic de Glasgow que, desde luego, puede darse con un canto en los dientes con haber perdido solo por la mínima.
Cuando todos estábamos convencidos de que Ronaldinho, un partido más, volvería a hacerle compañía al inédito Pinto y al resto de los suplentes azulgrana en el banquillo de Celtic Park, Rijkaard nos sorprendió alineando al brasileño, que por primera vez en muchos meses se pareció al que deslumbraba hace dos años.
Y prácticamente lo mismo podemos decir del resto del equipo. Messi, que llevaba varios partidos desconocido, y que incluso entraba en casi todas las quinielas para quedarse en el banquillo, destapó el tarro de las esencias y marcó dos goles que sitúan al Barça en cuartos de final. Y luego ¿qué decir de Henry? Al francés ayer se le olvidaron los problemas de espalda y marcó un gol antológico que nos trasladó inmediatamente a sus mejores momentos como jugador del Arsenal.
¿Espejismo o realidad? Esa es ahora la pregunta que se hace todo el mundo. La gran actuación ayer del equipo azulgrana, incluido su técnico, que supo mover sus piezas y mejoró al equipo con los cambios, se debió únicamente a la debilidad del rival, a los focos de la Champions que siempre estimulan a los grandes jugadores o podríamos decir que el Barça definitivamente ha renacido.
Mimbres y talento, desde luego, no le faltan al conjunto catalán. Pero la duda es saber si este equipo será capaz de repetir la intensidad, la precisión y la concentración que demostró ayer en Celtic Park el próximo domingo ante el Levante. Y tres días después frente al Valencia, y el fin de semana siguiente en la Liga…
Esa es la gran asignatura de este Barça, la regularidad. Aunque muchos lo dudábamos, ayer nos demostraron que cuando quieren, pueden. Pero ahora hace falta ver si quieren siempre y si Rijkaard sabrá administrar un vestuario en el que ahora sí, ya están los 4 fantásticos a su disposición.

Cualquiera diría que irse de Turquía con un 3-2 en contra en octavos de Champions no es un mal resultado. Pero lo cierto es que viendo lo que pasó ayer en el Sükrü Saracoulu ningún sevillista se pudo ir contento a la cama. Jiménez prometió ataque desde el principio, había que quitarle el balón a un Fenerbahçe que precisamente se hace peligroso cuando lo tiene. Así lo hizo el Sevilla, que jugaba en los primeros compases un fútbol de toque, por las dos bandas, desconcertando a un contrario que no esperaba esa disposición tan ofensiva. Sin embargo, pasado el primer cuarto de hora un fallo de marca inadmisible de Dragutinovic dejó solo a Kexman, enrachado, que con su testa hizo el primero. Fue un anticipo de lo que quedaba por llegar.
El jarro de agua fría de Kezman no achicó al Sevilla, que siguió buscando el partido y encontró el empate seis minutos más tarde gracias a un centro con veneno de Daniel que Edu Drácena se metió en propia puerta. Con las tablas el Sevilla estaba a gusto y los pitos no se escuchaban. Los andaluces habían rebajado con su juego el ímpetu de las gradas y de hecho antes del descanso en una clara contra de tres para uno rozaron el segundo, salvándolo la buena actuación de Roberto Carlos, que dejó patente que en esto del fútbol ya lleva unos años.
El Sevilla salió volcado en la segunda parte, todo apuntaba a una victoria visitante pero la defensa volvió a hacer aguas cuando nadie lo esperaba. Una falta botada por Alex, al brasileño se le paró y bien con un enorme Poulsen, desde la derecha acabó con Lugano rematando en el corazón del área absolutamente solo y marcando el segundo. Era un palo gordo pero los de Jiménez no se amilanaban y empataban al poco, merced a un balón peinado de Poulsen en el primer palo que remachaba Escudé adentro.
El 2-2 parecía definitivo, todo sonreía al Sevilla, que aún así buscaba el encuentro. La frustración del Fenerbahçe se dejaba ver con sucias entradas que iba minando poco a poco a los de Zico de amarillas. En cualquier caso, nada podía salir mejor hasta que a tres del final una contra mal defendida por los hispalenses acabó en gol de Semih Sentürk ante la mirada atónita de los aproximadamente 2.000 sevillistas que se habían desplazado hacia tierras turcas.
Cuesta creer que en octavos de final un equipo dé tantas concesiones defensivas al rival. Así fue. El Sevilla no anda fino en defensa en esta campaña, la baja de Javi Navarro se está dejando notar más de lo esperado. Pero hay partidos como el de ayer en los que no existen las excusas, en los que la concentración deber ser una máxima. Si el que hubiera estado en frente hubiera sido el Manchester o el Chelsea el descosido hubiera sido de considerables dimensiones. Da pena esta endeblez atrás, sobre todo porque los sevillistas plantearon un partido valiente, practicaron buen fútbol y en condiciones normales podrían haber ganado incluso goleando. El Sánchez Pizjuán es ahora quien decide.

Al lado de las montañas que rodean la zona del monte Sinaí, existe un valle conocido por el nombre del valle de Elah. En la época antigua, los pueblos moradores de ese región estaban continuamente en lucha, tratando de someter a sus vecinos para llegar a tener un pueblo fuerte que eliminase a sus enemigos la simple idea de atacarles. Por aquel tiempo, y para evitar grandes derramamientos de sangre que debilitasen a los contricantes, cada bando escogía a uno de sus soldados para batirse en duelo, y el ganador lograba someter al pueblo derrotado. Esa fue la propuesta que hizo Goliat al rey Saúl, cuando los filisteos llegaron al valle de Elah. Goliat lo hizo desde la prepotencia que su fuerza y altura le permitían, más cuando vio que a quien habían elegido o se había atrevido a pelear con él, tras cuarenta días de espera, era alguien como David, que hizo de sus virtudes su fuerza, y con ingenio derrotó al gigante.
En el mundo del fútbol, una de las cosas más apasionantes que existen es la victoria del equipo pequeño sobre el grande. La proeza del débil que no contaba en las apuestas. Hacer de David para vencer a Goliat. Ejemplos recientes hay para contar, unos exitosos, otros no tanto, pero ganadores en la derrota y en el ánimo de la afición. Cuando el Barnsley eliminó al Liverpool pensé en la historia de David y Goliat, en el milagro que se había producido. Anfield convertido en el Elah de un Liverpool que se creía Goliat. Lo mismo me ocurrió con la victoria del Betis sobre el Real Madrid, y más cuando nadie daba crédito a los verdiblancos. Buscaron la debilidad del gigante blanco, y lo vencieron. Con el Ruiz de Lopera haciendo de Elah.
El Aberdeen estuvo cerca de lograr una increíble victoria en Pittodrie, su campo convertido en lugar bíblico, frente a un Bayern que subestimó como rival a los escoceses en la Copa de la UEFA, y que al menos logró sacar la cabeza entera del enfrentamiento. O de nuevo Anfield convertido en Elah, para un Liverpool víctima propiciatoria de un crecido Inter, que no supo frenar los guijarros lanzados con contundencia por los reds, en una comunión perfecta con su afición. Goliat Inter sufrió así una muy dolorosa derrota, que le puede costar la cabeza.
Hoy, de nuevo, David ha estado a punto de doblegar a Goliat, de vivir quince días en un sueño posible. El O. Lyon con un descarado Benzema, ha podido reclamar su sitio en el valle de Elah, junto a los David que han ido apareciendo en estas últimas semanas de competición. El Manchester United estaba tras la pista, y logró salir con la cabeza viva, como hizo el Bayern una semana antes. El empate salvador de Tévez evita un problema gordo a los de Ferguson. Pero bien les valdría ser precavidos. El mundo del fútbol, como la historia, está llena de David que buscan noquear a su Goliat, con el agravante que el valle de Elah está en cualquier sitio. Incluso hasta en tu propia casa. Que se lo pregunten a Benítez.
Curioso como quedan Real Madrid y FC Barcelona tras la jornada de Champions. Ambos merecieron ganar, jugando bien, y sin embargo esto sólo lo hicieron los blaugranas, que reventaron el fortín del Celtic Park. Volviendo al título de la entrada, las contradicciones van hacia el hecho de que ahora el Real Madrid hace oportunidades y regala buen fútbol, mientras no mete goles, y Casillas no siempre puede hacer de Casillas, más en una defensa blanca que hasta ayer solía conceder más oportunidades al contrario. El Barça, al contrario, calienta la pólvora de sus delanteros, elemento que les faltaba en su solvencia defensiva, aunque ayer ésta falló un poco. Justo lo contrario a lo que estaba sucediendo durante esta temporada.
Cambian las tornas en un mes. Sin embargo, hay algo a lo que el Real Madrid puede agarrarse: el buen juego que empieza a mostrar, la fortaleza del Bernabéu, donde sólo ha perdido un partido esta temporada, no tienen que jugar tantos partidos fuera de casa, a Casillas y a Robinho, que era el jugador más en forma. Ambos, Real Madrid y Barcelona, son trenes que van directos al enfrentamiento. Veremos que pasa dentro de un mes. Lo mismo ya no tenemos que hablar de contradicciones. Quien sabe.
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A un servidor el partido de ida de octavos de final de Liga de Campeones entre Roma y Real Madrid, le ha dejado sumido en un mar de dudas. Quien no haya visto el partido pensará que ese 2-1 es un buen resultado para los de Bernd Schuster. Al fin y al cabo un simple 1-0 en el Bernabéu le daría el pase a cuartos. Sin embargo la sensación es que el conjunto ‘merengue’ ha dejado escapar una gran oportunidad de afrontar el partido de vuelta con la eliminatoria prácticamente resuelta. No puedo evitar acordarme del enfrentamiento de la temporada pasada entre Bayern de Munich y el propio Madrid a estas mismas alturas. Por aquel entonces se dejó salir vivo del Bernabéu al conjunto bávaro, y se pagó en el Allianz Arena. No obstante en esta ocasión el partido de vuelta se disputa en el estadio madridista, y eso es una poderosa ventaja.
Últimamente parece que el Madrid se ha cambiado el papel con sus rivales. Las pocas ocasiones que le crean terminan en gol, y a la vez son incapaces de transformar las muchas que protagonizan. ¿Agotarían la munición en el choque con el Valladolid? El caso es que se ha entrado en una dinámica muy negativa de resultados en los partidos a domicilio.
La Roma ha sabido jugar de forma excelente sus bazas, y de prácticamente dos ocasiones han sacado dos goles. Totti no está a su mejor nivel, pero la calidad nunca se pierde y en dos momentos que ha sido capaz de girarse con el balón controlado, ha iniciado las jugadas de ambos tantos. El segundo de ellos por un gran fallo de Heinze en la anticipación, aunque en líneas generales el argentino ha estado bastante seguro en su reaparición. Todo lo contrario que un Sergio Ramos constamente superado por Mancini.
El planteamiento de Spalletti fue diferente en ambos periodos. Mientras que en el primero su equipo fue más ofensivo y permitió al Madrid salir más de una vez a la contra, sobre todo por medio de un incisivo Robben, en la segunda otorgó el dominio casi absoluto del juego a su rival, dio un paso atrás, y se dedicó a frenar las acometidas de los blancos y salir como flechas a la contra. Y mientras, los de Schuster tenían el balón pero sin crear demasiado peligro. El 90% de las ocasiones eran disparos lejanos sin puntería, aunque hay que decir que la mejor ocasión fue un tiro al poste de Van Nistelrooy tras buena jugada de un eléctrico Drenthe, recién entrado en el terreno de juego.
Individualmente ha habido dos jugadores por encima del resto. Por parte de los locales, De Rossi, batallador como el sólo durante los 90 minutos, y por parte de los visitantes, Fernando Gago, que ha firmado su mejor encuentro desde que llegó a la capital de España. Excelente en la recuperación, contención, distribución de juego sin complicarse y de forma rápida, y con una fuerza física tremenda.
Lo más extraño del partido ha sido el intercambio de posiciones entre Guti y Diarrá, que parecía ocupar la posición de Baptista en la mediapunta. El de Mali ha acabado multitud de jugadas en el área rival, mientras que en otras tantas Guti ha tenido que hacer la cobertura a los laterales. El mundo al revés.
En resumen, aunque no es un mal resultado, el Madrid podría haber conseguido más ante una sencilla Roma. Como ya hemos dicho, que la vuelta se dispute en el Bernabéu es un punto a favor para el equipo ‘merengue’. Partido para el que en teoría ya estará Pepe, y sobre todo Robinho, al que creo que el Madrid está echando mucho de menos.
Foto | Reuters
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