
Sólo faltan tres jornadas para la conclusión de la Premier League y en Inglaterra, así como en España o Italia, no hay nada decidido. Esta jornada ha traído consigo un nuevo episodio de emoción desbordada, sobre todo porque hasta el último segundo de algunos de los partidos más importantes ha tenido que estar uno atento.
Por ejemplo, el del Manchester del sábado, donde un viejo rockero (35 primaveras) hizo sonar su guitarra en el último suspiro para darle tres puntos vitales a su equipo ante el adinerado Manchester City, que dejó escapar con la derrota ante el enemigo número uno la posibilidad de acercarse a los puestos de Liga de Campeones.
Paul Scholes celebró su renovación una temporada más con los red devils con un vital tanto en las postrimerías que dio el triunfo a los de Sir Alex Ferguson, que unido a la derrota en White Hart Line del Chelsea ante un Tottenham que en cuatro días se ha cargado a dos de los aspirantes al título (el Arsenal fue su otra víctima), deja la disputa del título en un pañuelo.
Y más porque el Arsenal, que visitaba al Wigan de Roberto Martínez, pereció cuando a falta de diez minutos todo iba de cara. Con el resultado de 0-2, los de Arsène Wenger vieron como su rival acortaba distancias, igualaba el duelo y sellaba su victoria en el descuento. Increible derrota gunner que le aleja, más si cabe, de una cabeza que tiene a siete puntos cuando quedan ocho por disputarse.
Tras la jornada de este fin de semana, el Chelsea (77 puntos) se mantiene en lo más alto, pero ve como el United le aprieta los talones (76). En siete días, los primeros se miden al Stoke City en casa, con todo a su favor para no fallar, mientras que los segundos recibirán a un Tottenham en plena forma que mantiene con brío la cuarta plaza. El Arsenal-City también será otro duelo a tener en cuenta y que podría decidir muchas cosas en la zona alta de la clasificación de una Premier que está que arde.
Foto | toksuede
Uno de los hombres a destacar de entre lo que se ha visto este fin de semana en Europa es Liédson, el delantero del Sporting de Portugal, que firmó los cuatro goles de su equipo en la victoria ante el Belenenses. Aunque hemos de decir que el Sporting, cuarto en la tabla, está ya muy lejos de los dos primeros puestos que dan acceso en Portugal a la Liga de Campeones.
Cierto es que el nivel de la Liga Portuguesa es muy inferior en comparación a otras como la Española o Inglesa, y que para más inri, el Belenenses está hundido en la última plaza de la clasificación, pero siempre es llamativo ver a un jugador marcar cuatro goles en un mismo encuentro (por cierto, los cuatro fueron anotados en el segundo tiempo). Además en esta ocasión nos viene perfecto para ir conociendo al próximo rival del Atlético de Madrid en la Europa League.
De hecho, hace unos días un compatriota suyo, Tiago, admitía en una entrevista que ya había advertido a sus compañeros de la zaga colchonera del peligro de este veterano jugador brasileño, recientemente nacionalizado portugués. Visto lo visto, es un consejo a tener en cuenta.

El Nápoles de Walter Mazzarri está siendo una de las sorpresas más agradables del Calcio en lo que va de campaña. Después de arrancar la temporada pasada al ritmo de los grandes, los de San Paolo experimentaron un bajón decepcionante y parece que de eso han aprendido en esta campaña. El proyecto que a largo plazo diseñó Aureliano de Laurentis, hijo y sobrino de los famosos productores de cine italiano, para devolver al conjunto napolitano la grandeza que llegó a tener en los años ochenta tiene una base cada vez más definida, sobre todo con la explosión definitiva del joven Marek Hamsik, líder de la mundialista Eslovaquia, y la recuperación del Pocho Lavezzi para la causa, que hace poco fue renovado hasta 2015, dos garantías para construir un equipo capaz de aspirar a las grandes cotas.
Pero no empezó bien la cosa. El balance en las primeras siete jornadas de liga, con Roberto Donadoni al mando, era desastroso y el Nápoles apuntaba a un nuevo petardazo. Ahí fue cuando intervino Laurentis, cambiando de técnico. El cargo se lo dio a un busca vidas como Walter Mazarri, un hombre diferente y con muchas excentricidades, que ha entrenado en cinco equipos y jamás ha sido cesado. Siempre se marcha antes que eso ocurra y entre su haber tiene un ascenso con el Livorno, una salvación milagrosa con la Reggina y una clasificación europea y subcampeonato de Copa con la Sampdoria, donde su mayor logro fue recuperar a Cassano para el fútbol. Desde su llegada, el Nápoles ha encadenado una racha portentosa de nueve victorias, seis empates y sólo una derrota en 16 jornadas ligueras, lo que le ha colocado como cuarto. La derrota, precisamente, la cosechó este fin de semana.
Lo mejor de este Nápoles, que juega con tres atrás y un centro del campo muy poblado para ejercer presión y tener el cuero, es su perspectiva de futuro. Antes que nada hay que detenerse en, para mí, su mejor jugador, el sensacional Ezequiel Lavezzi. Se le intentó colgar el peso de suplantar el mito de Maradona en San Paolo, después de su primera gran temporada… Tal barbaridad incluso le ha podido pasar factura. Lo cierto es que se trata de un magnífico segundo punta, lleno de fuerza y recursos, con enorme calidad, pero con poca madurez. El peor enemigo de Lavezzi es el propio Lavezzi y de hecho en la segunda parte de la temporada pasada su rendimiento fue decepcionante. Afortunadamente, en esta campaña Lavezzi ha ido de menos a más y se espera que la vuelva a romper en breve, tras la lesión que le ha tenido fuera en las últimas semanas.
Aún así, Lavezzi tiene que dar más. Su polémico carácter y su vida fuera de los campos no va en consonancia con lo que se exige a un profesional de altura… Se dice que ha llegado a irse a Buenos Aires aprovechando dos días de descanso única y exclusivamente para disfrutar por unas horas de la noche porteña. Sea o no así, estamos ante un jugadorazo que a poco que se centre más terminará por explotar definitivamente: hasta ahora ha jugado a un nivel superlativo, pero aún le falta tener más gol, quizás su mayor carencia.
Lo mejor de todo es que Lavezzi no está solo. Marek Hamsik, segundo punta eslovaco que también puede jugar en bandas, se está saliendo. Llegó junto al argentino, cuando el Nápoles regresó a la Serie A. Fichado con menos de 18 años por la Brescia por la irrisoria cantidad de 500.000 euros, en la 06/07 hizo una muy buena campaña, de modo que De Laurentis lo quiso incorporar a su proyecto.
Con 22 años, dos más que Lavezzi, y dos campañas muy buenas a sus espaldas, hasta el punto de ser nombrado en 2008 mejor jugador joven del Calcio, ha llegado su explosión definitiva. Su media de goles estaba en torno a los nueve por temporada. Sin embargo, a estas alturas ya suma ocho. Le pega formidablemente bien con las dos piernas y desde atrás llega con una soltura envidiable. Su cara de niño es engañosa, porque piedad no muestra ninguna. Tiene como ídolo a Pavel Nedved y el mito checo ya ha dicho cuando le han preguntado que ve en él a su heredero.
Y hay más. Otro de esos fichajes económicos que últimamente hace De Laurentis es el Tanque Dennis que, eso sí, aún no es ni la sombra de lo que fue en su último año en Independiente. El urguayo Gargano, de 25 años, que es un mediocentro secante de los que todo el mundo quiere tener, o el emergente Cigarini, un centrocampista de corte creativo, algo que le faltaba al equipo hasta que Mazarra llegó y le dio confianza, son otras de las claves de un conjunto que arriba se apoya mucho en los goles de Quagliarella, habitual de la selección y hombre que suele cumplir siempre arriba. Fue fichado este verano para aportar más pegada y de momento está cumpliendo con siete gritos.
Suplente de Quagliarella y Dennis es Edwin Hoffer. Como Hamsik, tiene 22 años. Su fútbol aún no se ha consolidado en el Calcio, aunque no tardará. Producto de la cantera del Rapid de Viena, es la gran esperanza del fútbol austriaco. En la pasada campaña firmó 27 goles y se hizo líder de su selección, haciendo un doblete ante Rumanía que sirvió para ganar un importantísimo encuentro. El Nápoles lo ha contratado este verano y de momento apenas ha disfrutado de minutos. Pero explotará si todo marcha bien porque, demostrado está que San Paolo es el lugar ideal para ello.
Este Nápoles ilusiona por muchos motivos. Primero, porque va cuarto y se antoja posible su presencia en la Liga de Campeones. Pero, sobre todo, porque ficha bien y da confianza a una generación de futbolistas excepcional que de aquí a unos años, si sigue evolucionando tal y como ahora, podría pelear por todo. Quizás le falte un killer, pero todo llegará con De Laurentis.
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