
La Champions League es una historia de amor y desamor en el Atlético de Madrid. Siempre se ha observado con ojos de deseo, esperando agazapado su oportunidad para alcanzar un trofeo soñado por todos los clubes europeos. El Atlético ha estado ahí, había sentido y padecido lo que supone jugar en Europa, ante los más grandes. El sueño ha vuelto, doce años después del último fatídico cruce de los rojiblancos en la máxima competición continental. No es el Ajax el equipo que tendrán delante los de Abel Resino. Es el Oporto, un clásico y habitual, contra el que el Atleti deberá esfumar las pesadillas del pasado.
Rememorar viejos tiempos ahora parece tarea para documentalistas e historiadores, porque de qué sirve ahora recordar el gol de Schwarzenbeck en Bruselas o la eliminatoria ante los holandeses hace una docena de años. Hoy el Atlético debe olvidar esos males, también los que le acompañan en la Liga y centrarse en una eliminatoria que debe resolver hoy, en el Vicente Calderón. Al menos, encarrilarla para no tener que llegar con puntos de sutura al Estadio do Dragão, donde los portugueses se han mostrado muy fuertes.
En la convocatoria del Atlético, tres jugadores ahora rojiblancos que conocen bien al Oporto. Maniche fue una de las piezas del campeón de Europa en 2004; Paulo Assunção ha llegado esta temporada procedente del club portugués en la que consiguió tres Ligas, una Copa y una Supercopa; mientras que el griego Seitaridis también conoce lo que es jugar Champions con la camiseta dragoe. Abel se agarra a la experiencia de éstos y a la magia de los Agüero, Forlán, Simao y compañía para sacar adelante el deseo rojiblanco que consiste en llegar lo más lejos posible en la competición en el año de su retorno a Europa.
El rival es un habitual de los octavos de final, aunque desde su conquista del título en 2004 no pasa de esta fase. Punto a favor para el Atlético. Pero los portugueses solo han perdido en una ocasión de sus últimas cuatro visitas a España. Su último desplazamiento le condujo directamente a la final de Gelsenkirchen. El SúperDepor de Javier Irureta fue la víctima. Entonces, la dirección de José Mourinho desde el banquillo, el talento de Deco y la seguridad de Ricardo Carvalho condenaron a los españoles. Sin éstos, los lusos no han sido los mismos, pero el Atlético deberá tener cuidado porque siguen siendo muy peligrosos. Lucho González es la referencia y al que el Atlético deberá vigilar muy de cerca.
En SaG | Atlético y Barça, a invertir sus rachas en Europa
Foto | Corbis

Ya está aquí de nuevo. Regresa la Liga de Campeones, la Champions League, la Copa de Europa, como queráis llamarla. Sin lugar a dudas, vuelve el mejor fútbol europeo a los terrenos de juego y a nuestras pantallas, la lucha por una sola corona entre las mejores potencias del viejo contienente. Tras un largo parón mañana volverá a arrancar con los cuatro representantes españoles en el ajo. Buena señal.
El Barcelona abrirá la tanda de los cuartos de final en Lyon, ante un Olympique imparable que sigue en racha. Es líder de Ligue 1 con una ventaja de seis puntos sobre el París Saint Germain y que además cuenta con infranqueable Stade de Gerland donde solo el Bayern de Múnich ha podido vencer esta temporada. Los azulgranas llegarán tocados tras el batacazo ante el Espanyol en Liga pero no hay que dejar de pensar que los hombres de Pep Guardiola son los que mejor fútbol están desplegando.
Otro líder, el de la Liga portuguesa, visita el estadio Vicente Calderón. El Atlético de Madrid debe demostrar en Europa que está capacitado para conducir una buena plantilla hacia el éxito. Abel Resino se estrenará en la competición europea en busca de una victoria con la que renovar ánimos y olvidar la derrota en Sevilla. El Oporto evaluará la condición colchonera a pocos días de enfrentarse al Sporting de Lisboa en su campeonato nacional.
El Real Madrid se presenta en estos octavos de final con un rostro renovado. Tras la marcha de Ramón Calderón, la llegada de Juande Ramos, la incorporación de refuerzos y la racha de nueve victorias consecutivas en Liga el conjunto blanco ha pasado de tener el papel de víctima ante el Liverpool a ser el favorito. Los reds han bajado el nivel, han perdido el liderato y todavía sigue siendo duda la participación de Steven Gerrard en el Bernabéu. Muchas cosas han cambiado desde el sorteo. Sin duda, el Madrid-Liverpool es el partido de la jornada en Europa.
El que esperamos que reencuentre el camino de la regularidad es el Villarreal. Los de Pellegrini vencieron al Sporting en Liga, llevan tres partidos sin perder pero dan una sensación de irregularidad preocupante. Y ante ellos se presenta un Panathinaikos que fue una de las grandes sorpresas de la fase de grupos y que camina con paso firme en la Super League griega. El submarino amarillo deberá cerrar lo máximo posible la eliminatoria en El Madrigal si no quiere complicarse la vida en el Oaca, donde el Panathinaikos no pierde desde el pasado mes de octubre.

Lo escuché en la retransmisión y me quedé boquiabierto: nunca antes el último clasificado había ganado al primero en su estadio. El Espanyol ha hecho historia. Con todo esto, primer partido de la era Pochettino que gana el club perico, y qué partido. La pesadilla culé ésta vez no fue Tamudo, fue De la Peña con sus dos goles, quizá más doloroso por ser un exjugador de la casa.
Salió el Barça sin Puyol, pero una vez que se produjo la lesión de Abidal el cinco blaugrana entraba en lugar de éste. El primer cambio de Guardiola erróneo. La defensa perica, en especial el escuadrón destinado a Messi, fueron clave para que la primera mitad terminase con empate a cero, por más que las intervenciones de Kameni invitaran al acierto local. Antes de pitar el árbitro se produjo la siguiente lesión del encuentro, la del perico Ángel, dando entrada a Román, lo lógico y no lo que hizo Pep Guardiola, trastocando el curso normal del equipo cuando en el banquillo estaba el relevo natural de Abidal. Expulsión de Keita, totalmente injusta, a falta de pocos minutos para llegar al descanso y el Barcelona que tenía que plantear, otra vez, un partido nuevo pero con dos buenas noticias: que el marcador era igual que al principio y que el tiempo del intermedio venía de perlas para ordenar ideas.
Comienza la segunda parte y en cinco minutos todo vuelve a cambiar, más si sabe cuando después de otros tantos minutos De la Peña volvía a marcar, con la inestimable ayuda de Víctor Valdés. Casi todo el segundo tiempo con un hombre menos y con la obligatoriedad de marcar tres goles para remontar un partido que se jugaba en casa ante el último, que para colmo era el rival local. Demasiados hombres arriba y muy pocos atrás observé en el Barça antes y después del gol de Touré Yaya. El cambio de Eto’o por Gudjhonsen no se puede entender a no ser que Samuel estuviera lesionado. Colocar a Busquets de delantero centro demuestra que fue un error darle entrada por Henry. Más listo estuvo el técnico perico, que viendo los enromes espacios que había para la contra dio entrada a Coro para que matara el partido en alguna ocasión que tuviese, y la tuvo, pero no consiguió hacer gol. Tamudo volvió a pisar el verde entre los pitos del Camp Nou.
Imagen | El Mundo

Después de cuatro años realmente mediocres, en los que en los últimos dos incluso tuvo que sufrir para evitar el descenso, el Paris Saint Germain comienza a resurgir e incluso sueña con la posibilidad de romper el inapelable reinado del Olympique de Lyon, que como suele ser habitual en la presente década domina la tabla clasificatoria. Sin embargo, el equipo capitalino está segundo, a cinco puntos para sorpresa de muchos, recuperando el tradicional lugar de privilegio que se hizo en el fútbol francés en los años 80 y 90.
La apuesta por la continuidad de Paul Le Güen, histórico futbolista en los brillantes 90 del PSG, y técnico que asentó al Lyon en la cima del fútbol galo, ganando hasta tres ligas consecutivas, parece dar sus frutos. En la temporada 06/07 salvó al equipo del descenso, cuando lo cogió desahuciado en enero, pero en la anterior campaña sufrió en exceso. De hecho, lo que le salvó fue conseguir la Copa de la Liga a finales de marzo, cuando el equipo estaba tercero por la cola. El equipo reaccionó a partir de esa victoria e incluso rozó el título de Copa ante el Lyon. Se apostó por confiar un nuevo proyecto al técnico, con una arriesgada política de fichajes. Por un lado llegaron viejas glorias del fútbol nacional, hombres como Makelele o Giuly y por otros futbolistas destacados en equipos de nivel medio, como el interesante centrocampista zurdo de Benin, Stephane Sessegnon o el máximo goleador de la segunda francesa en la anterior campaña, Guillaume Hoarau (estos dos últimos en la foto).
A Hoarau, que es natural de las Islas Reunión, le decían de chico que era demasiado delgado para jugar al fútbol. Tanto es así que hasta los 20 años ni fue a recalar a ningún equipo de Francia. Ahora tiene 24 y su progresión desde sus comienzos hasta ahora ha sido sensacional. Ambidiestro, su envergadura de 192 centímetros le hace ser un sabueso en los balones aéreos, pero además corre como una gacela, esa delgadez que presentaba en sus inicios le ha servido para conseguir una figura atlética y estilizada ue en carrera es casi imposible de parar. En el anterior ejercicio marcó 28 goles para el Le Havre, que sirvieron para ascender a la Ligue 1. El PSG decidió darle el nueve, era una apuesta arriesgada, sin duda, confiar ese dorsal a un chaval que aún no había debutado en la máxima categoría. Pero no ha defraudado, suma trece goles en 22 choques y anoche le hizo en la ida de dieciseisavos de la UEFA un doblete al Wolfsburgo.
Sessegnon es otro jugador interesantísimo, un futbolista que dentro de poco lo veremos en un grande europeo. El año pasado hizo un auténtico campañón en el Le Mans, el PSG se decidió a invertir fuerte por hacerse con sus servicios, en torno a ocho millones de euros. Y no ha decepcionado. Es un centrocampista derecho espectacular, jugador de banda que también se mueve con soltura por el centro. Sessegnon muestra una admirable velocidad punta y además cuenta con un regate endiablado, tiene gran calidad y una excelente pegada desde fuera del área. Con 24 años es la gran esperanza del fútbol de Benin y en el Parque de Los Principes aporta una sexta marcha, sobre todo en las contras, que ya le ha convertido en ídolo de la afición. Las comparaciones con Okocha son inevitables.
El tercer gran fichaje fue el de Makelele. Tiene 36 años pero su despliegue continúa siendo encandilador. Lo juega prácticamente todo, se ha convertido en esa voz de mando que requería Le Güen, el tipo autoritario que infunde respeto a los rivales. Giuly, el cuarto refuerzo, también esta rindiendo a buen nivel, lleva cinco goles y al igual que Makelele ha aportado mucho oficio al equipo, cosa que sin embargo no ha logrado el cedido Mateja Kezman, que continúa sin encontrar su rumbo después de que arrasara con sus goles en el PSV.
Habrá que estar muy pendiente de este PSG, que aparte de los nombrados tiene un buen ramillete de jugadores de clase media alta del fútbol galo. De momento está a cinco puntos del líder, al que por cierto derrotó en casa, logrando además otras importantes victorias como al cosechada en el Velodrome de Marsella, donde los capitalinos se impusieron por 2-4. En la Ligue 1 ahora encadena cuatro victorias consecutivas y su progresión en el campeonato denota que va de menos a más.
La suposición de Torres me atrevería a llevarla al plano de lo real, al menos a mi realidad. Torres en el Atlético de Madrid era un buen jugador, pero la vulgaridad que le rodeaba impedía explotar sus mejores cualidades. Su salto a un grande era necesario, llegó el Liverpool y pudo más la razón que el corazón. Fernando en la ciudad de Mersey se encontró con jugadores de verdadero nivel, con los que ha podido confabular magníficas sociedades. Pero, sobre todo, se quitó la exacerbada presión que suponía ser el gran referente de un equipo en el que siempre era él y diez más. Llegó a Anfield y se encontró con que era actor principal pero no le deslumbraban los focos porque las luces no sólo apuntaban hacia su figura. Había muchos otros protagonistas.
Es obvio que hemos visto al mejor Fernando Torres en Liverpool y eso era algo que se veía venir cuando jugaba en el Atlético, donde por momentos se sentía asolado con tanta responsabilidad. No quiero decir que Torres estaba imposibilitado para triunfar en el Calderón, quizás en otros tiempos sí, pero no en un Atlético que durante su época, y todavía actualmente, confía su suerte a jugadores de un nivel mediocre, impropio de un conjunto que aspira a escalar altas cumbres.
Cuando hablo de Torres aparece en mi mente la figura del Kun Agüero, el nuevo ídolo, que junto a Forlán y Maxi se ha convertido en el principal bastión de la afición colchonera, su gran esperanza. Agüero este año está rindiendo por debajo de su nivel, se le nota fundido, seguramente paga el hecho de no haber hecho pretemporada por las Olimpiadas, como muchos de sus compañeros en la cita olímpica. Alguno dirá que Messi también estuvo en Pekín, pero la diferencia es que Guardiola ha dosificado a su crack mucho más que Aguirre al suyo, básicamente porque los fondos de armario en el Vicente Calderón y el Camp Nou son bien distintos. Pero aún así, Agüero continúa siendo el gran referente, ese jugador que cuando se le enciende la bombilla te hace un roto en medio metro cuadrado.
Agüero es un crack, uno de los mejores delanteros del mundo. Yo personalmente lo coloco entre los cuatro o cinco mejores atacantes del planeta. Y todo crack, todo fuera de serie que con un simple movimiento marca las diferencias, quiere aspirar a cosas importantes. Agüero, y esto es una interpretación mía, comienza a darse cuenta de que en el Atlético no le dan lo que necesita. Seguramente el Kun pensó que podía emular a
Maradona, levantando a los colchoneros como Diego hizo con el Nápoles, y poniéndolo a competir contra los dos poderosos. El problema es que Maradona no estaba sólo, aquel Nápoles, era el argentino y una excelente almagama de actores de reparto de lujo: Ciro Ferrara, Alemao, Romano, Fusi, De Napoli, Giordano o Careca, entre otros, contribuían a elevar el fútbol del astro. Agüero, sin embargo tiene a Forlán, Maxi, a veces Simao, y poco más.
Creo que Agüero, cuando termine esta campaña, que será su tercera en Europa, debería sentarse con los directivos del Atlético de Madrid y pedirles franqueza. Es decir, asegurarse que Cerezo y Gil Marín configuren un equipo capacitado para pelear una Liga no para aspirar a estar entre los cuatro primeros. Porque Agüero ya ha sobrepasado su periodo de rodaje y necesita éxitos. Agüero tiene que estar en un equipo que luche por títulos y si en el Calderón no le dan esa opción deberá buscar otro sitio, como en su día hizo Fernando Torres. Y nadie, absolutamente nadie, debería sorprenderse de ello.
Y cuando uno habla de ilustre habla de estrella fugaz, de jugador que de chaval prometió y que de mayor no cumplió. Habla de el enésimo futbolista (Tote, Farinós, Jose Mari…) que desciende un peldaño en su carrera porque su rendimiento en cualquier otro club de élite dista mucho del que de él se esperaba. Gerard López, quién se lo iba a decir hace una década, ha firmado por lo que queda de temporada por el Girona de la Liga Adelante. El catalán, uno de los mejores centrocampistas cuando, sin él mismo saberlo, alcanzó su apogeo, se encontraba sin equipo desde que el pasado verano terminase su (discreta) vinculación a la que parecía su última oportunidad de renacer, el Recreativo de Huelva.
Gerard va a cumplir el mes que viene 30 primaveras y lo podrá celebrar como a cualquier persona le gusta vivir este tipo de celebraciones: disfrutando del fútbol, su principal pasión y a la vez su principal dolor de cabeza. El deporte que le catapultó a lo más alto y el que también le ha hecho descender de manera sideral a la cruda realidad del que lejos está de cumplir las expectativas. El Girona, un recién ascendido a la categoría de plata y que ha terminado la primera vuelta en una dignísima posición, es el conjunto que ha llamado a su puerta para incorporarlo a última hora, ya que, recordemos, el plazo de fichajes se cerró el último día de enero. La lesión de Óscar Álvarez ha abierto la puerta de nuevo al fútbol al centrocampista.
El de Granollers se crió en La Masía, se dio a conocer en el Alavés, explotó en el Valencia cuando apenas superaba la veintena y el regreso a la Ciudad Condal fue el principio del fin. Lo tenía todo para triunfar: juventud, pase, buen disparo, un espléndido remate de cabeza… Era el Gerrard o Lampard de entonces. Pero entre las lesiones, la mala fortuna, la poca convicción su carrera se fue diluyendo como un azucarillo en el café. Sus intentos de rememorar viejas glorias en Mónaco o Recreativo de Huelva fueron en balde. Ni siquiera consiguió ganarse la confianza de los técnicos la pasada temporada en tierras andaluzas, por lo que, obviamente, no se ganó la renovación. Se habló de ofertas del extranjero, de Grecia e Inglaterra concretamente, pero al final, y cuando parecía que el año de Gerard iba a ser en blanco, en Montilivi han apostado por él. No queda otra que desearle suerte.
Vía | La Vanguardia
En NdF | Gerard retorna a la Liga con el Recreativo
La Finta | Jugadores que nunca llegaron a estrellas: Gerard López
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