
No está generando demasiado ruido un Sevilla que con paso firme está haciendo las cosas bien, y si anoche en Mestalla el Valencia no hubiera tenido esos últimos minutos de gloria, los de Manolo Jiménez hubieran sentenciado prácticamente su pase a las semifinales de la Copa del Rey. Creo entender a los sevillistas. En una Liga marcada por la supremacía del Barcelona y la debacle institucional y deportiva del Real Madrid, muchos deben pensar que es el momento de estar en el segundo escalón, pero a lo grande.
Me explico. Bajo mi punto de vista, que a un Sevilla que le han quitado a dos piezas clave de su juego, Dani Alves y Keita, esté colocado en tercera posición de la Liga BBVA y tenga un tercio de pie en semifinales de la Copa del Rey no es una mala lectura ni mucho menos. Cierto es que la eliminación en la Copa de la UEFA fue un puñal que llegó bien hondo en el corazón sevillista, sobre todo con el cariño que le habían comenzado a tener a la hermana pequeña de Europa.
Pero no hay que olvidar que este Sevilla lleva seis jornadas sin perder, nueve si no contamos lo que parece ya una obviedad, caer derrotado ante el, hasta la fecha, todopoderoso Barça. Por delante del cuadro andaluz han caído rivales directos como el Real Madrid, el Atlético de Madrid, el Villarreal y el Deportivo, sumando un empate ante el Valencia. Resumiendo, con los de arriba sólo ha perdido ante el Barça, algo que considero no debe ser olvidado.
Pero el Sevilla ya paga el plato como un grande. El Sánchez Pizjuán le pide explicaciones cuando el equipo no juega, no le divierte. Una carencia desde la marcha de Juande Ramos, aunque no son pocas las tardes en las que demuestra que mucho aprendió con el manchego. Y como un equipo fuerte, peca ante los más pequeños, se complica la vida y de ahí la cesión de puntos ante el Valladolid, el Málaga, el Racing, el Mallorca o el Osasuna; sin ánimo de desprestigiar a nadie. No obstante, su papel de anoche en Mestalla me deja buenos presentimientos de un Sevilla que tiene pinta de poder completar una fantástica temporada.

Hace unos días que estoy siguiendo al Milan, ya sea viéndole caer eliminado de la Coppa ante el Lazio, en irregulares actuaciones en Liga o en el empate de ayer en UEFA ante un batallador Wolfsburgo. En un partido intenso y en ocasiones emocionante, los alemanes se llevaron el empate y el primer puesto del grupo aprovechando las actuales carencias del equipo lombardo. Y en la Liga mientras hay vida hay esperanza, pero están ya a nueve puntos del Inter y con una preocupante mala racha de resultados.
¿El equipo se resiente del retorno de Pirlo? Sí, habéis leído bien. La prensa y afición italianas se preguntan si la presencia de Andrea Pirlo en el once inicial está perjudicando el juego global rossonero. Recuerdo que cuando Zidane recaló en el Real Madrid, al principio hubo una serie de resultados negativos justo cuando el francés estaba en el once inicial, mientras el equipo blanco saldaba con victorias sus partidos sin Zizou en el campo. Se inició un debate sobre el tema que Camacho zanjó con unas declaraciones a pregunta de un periodista extranjero: “Es que la prensa española es muy rara, fíjate tú que ahora están incluso cuestionando si debe jugar Zidane en el once inicial o no…¡están cuestionando a Zidane! Pues lo mismo opino sobre Pirlo, los defectos del Milan van más allá de la presencia de, para mi gusto, uno de los mejores centrocampistas de Europa.
La defensa: La zaga formada por Maldini, Zambrotta, Kaladze (ayer Senderos) y Favalli no está muy acertada últimamente y es una de las líneas más criticadas del equipo, junto con el centro del campo. Parece que hay fe en la calidad de los atacantes, aunqu desde mi punto de vista ahora mismo se alinea una generación que aunque aún puede dar mucho fútbol, ya necesitan un buen relevo (Pippo Inzaghi, Shevchenko…) y un jugador que apunta muy alto pero al que le queda aún camino que recorrer (Pato). Y además, últimamente las lesiones se han cebado con el equipo y Ancelotti ha tenido prácticamente que improvisar alineaciones y cambiar a varios jugadores de sus posiciones naturales.
Hasta el que parecía siempre infalible y que estaba acostumbrado a sacar las castañas del fuego se queja de su desubicación en el campo. De esta forma Kaká excusa que no esté rindiendo todo lo que se espera de él, aunque bien es cierto que este sí es un jugador que marca diferencias y cuando el Milan no lo tiene en el campo lo nota mucho.
Los problemas de posicionamiento de Kaká radican en la llegada de Ronaldinho. Así pues y visto lo visto, ¿Ronaldinho suma o resta en este equipo? ¿Y la llegada de Beckham? Ambos forman parte de una discutible política de fichajes de galácticos en rebajas, que aportan muchos más problemas que calidad. El caso es que con o sin Pirlo, con o sin Kaká, Ronaldinho o Beckham, el Milan no se impone.
¿Cuál es pues el principal problema del Milan?, por lo que he visto en sus últimos partidos, estriba en un juego demasiado poco consistente. Realmente aún no sé cuál es el planteamiento favorito de Ancelotti con este equipo, a qué juega el Milan exactamente. Demasiado inseguro de sí mismo, con todo el arsenal que tiene, cede a menudo la pelota al rival y busca jugar al contraataque cuando creo que sus jugadores están mucho más capacitados para un juego de toque y control. En el partido de ayer, por ejemplo, los alemanes realizaron un pressing muy intenso cada vez que el Milan tenía la posesión y sin embargo rara vez la perdía, porque sus jugadores la tocan y tienen una disciplina táctica intensa que los hace inmunes a este tipo de presión. Pero en grandes fases del partido y sin que el rival haga méritos suficientes para ello, los italianos se van echando atrás y dándole espacios para jugar al contragolpe. Ancelotti debería ser más consistente con sus ideas, y estás deberían apuntar hacia un juego con más control y más seguro de sus propias armas.
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